
MENSAJE EPISCOPAL PARA LA CUARESMA 2020
Carísimos Hermanos:
1.- Como cada año, al acercarse la Cuaresma, nos ofrece la ocasión de enviar a ustedes la invitación a sacar provecho de este momento favorable, de este «tiempo de salvación» (cf. 2 Cor 6, 2) para que sea vivido por todos intensamente en su doble dimensión de conversión a Dios y de amor a los hermanos. La Cuaresma, en efecto, nos invita a abrir totalmente la mente y el corazón para escuchar la voz del Señor que invita a volver a Él en novedad de vida, y a ser cada vez más sensibles a los sufrimientos de quienes nos rodean. Con el maravilloso rito de la imposición de la Ceniza, inicia el tiempo de la Cuaresma, durante el cual la liturgia renueva en los creyentes el llamamiento a una conversión radical, confiando en la misericordia divina.
2.- Nos disponemos a recorrer de nuevo el camino cuaresmal como cada año que el Señor nos concede, que nos conducirá a las solemnes celebraciones del misterio central de la fe cristiana, el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, el misterio Pascual. Nos preparamos para vivir el tiempo apropiado que la Iglesia ofrece a los creyentes para meditar sobre la obra de la salvación realizada por el Señor en la Cruz. El designio salvífico del Padre celeste se ha cumplido en la entrega libre y total del Hijo unigénito a los hombres.“Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente”, dice Jesús (cf. Jn 10, 18), resaltando que Él sacrifica su propia vida, de manera voluntaria, por la salvación del mundo. Como confirmación de don tan grande de amor, el Redentor añade:“Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15, 13).
La Cuaresma, que es una ocasión providencial de conversión, nos ayuda a examinar este estupendo misterio de amor. Es como un retorno a las raíces de la fe, porque meditando sobre el don de gracia inconmensurable que es la Redención, nos damos cuenta de que todo ha sido dado por amorosa iniciativa divina. Precisamente para meditar sobre este aspecto del misterio salvífico, debemos tener presente las palabras del Señor: “Gratis lo recibisteis; dadlo gratis” (Mt 10, 8).
3.- Con el rito de la imposición de la ceniza, se nos recuerda algo que en el siglo XXI ya hemos olvidado, las prácticas de las obras de fe, las obras que nos ayudan a profundizar y vivir la fe católica. La oración, el ayuno y las limosnas, son entre las obras las que más deben marcar este tiempo y camino cuaresmal. El Apóstol Santiago nos recuerda una verdad fundamental, que la fe sin obras está muerta: “Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta. Pero alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” Stg 2, 17-18
Por ello, en este mensaje por el cual quiero llegar a todos ustedes, es recordarles, no con palabras mías, sino con las del mismo Señor la importancia de las obras que cooperan a la fe que profesamos: “Luego dirá a los de su izquierda: «Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron». Estos, a su vez, le preguntarán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?». Y él les responderá: «Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo». Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna». Mt 25, 41-46, duras son las palabras que el Señor pronunciara en nuestro juicio particular y en el juicio final, tanto se ha predicado una teología errada de falsa misericordia, que omite estos mandatos firmes y urgentes del Señor a todos nosotros, debemos estar pues con la mente en que en cada persona hay una oportunidad de ayudar al mismo Señor, pues lo que hacemos a los demás lo hacemos a Cristo mismo, hoy el mundo vive una época esplendorosa de la tecnología, pero al mismo tiempo una sociedad aislada en sí misma, cada persona vive en su mundo virtual, con “amigo” virtuales, donde importa más un “me gusta” a una foto, que ir al encuentro de personas que sufren cerca de nosotros. Donde esta ese adelanto que debería traer el progreso de la ciencia, una ciencia que ha desterrado a Dios, que ha vuelto al humano un objeto, un progreso que lleva a las personas a la idolatría de los animales como si fueran “seres humanos” se desgarran las vestiduras por un gato, un perro, pero se olvidan de los que sufren, hoy la sociedad gasta millones de dólares para atender a sus nuevos “dioses” los animales, hoy hay penas más duras para quien maltrata a un animal que para quien mata y derrama la sangre de un inocente en el vientre materno, hoy se legaliza el asesinato –eutanasia- de personas enfermas en aras de “una mejor calidad de vida” pero se esfuerza la sociedad por desarrollar métodos para prolongar la vida de sus nuevos dioses los animales.
4.- Tantas personas a las que diariamente se puede ayudar y con ello, nosotros ir remitiendo la deuda debida por nuestros pecados, ahí mostramos con obras nuestra fe. Pero vivimos un mundo donde es más importante el hoy que pensar en lo eterno, este camino cuaresmal que se iniciara con el miércoles de ceniza deberá llevarnos a reflexionar sobre cómo vivimos nuestra fe, cuáles son nuestras obras que entregaremos al Señor, y cuantas veces le dimos de comer, de beber, de visitarlo estando enfermo, encarcelado en cada persona que socorrimos que es lo que el valorara y no cuantos gaticos y perritos les dimos de comer, esta cuaresma nos debe llevar a despojarnos de los ídolos falsos como son los vicios de las redes sociales y los animales, las primeras bien usadas nos ayudan en nuestro trabajo pero no sustituyen el actuar en sociedad, y los segundos tratados con respeto y en la justa medida sirven para nosotros para los fines que el Señor nos los entrego, pero evitando caer en la idolatría.
Confiamos pues que este camino cuaresmal nos lleve a vivir el triduo pascual con fe, esperanza y caridad en nuestros hermanos, para que nuestras obras hablen de nuestra fe divina y católica.
A todos con afecto, concedo mi bendición episcopal.
Dado en la memoria de San Policarpo de Esmirna, Obispo y mártir, a XXIII de febrero de MMXX, octavo de nuestro pontificado.
+ Ego, Christhian Gabriel, Episcopus