Homilía en la Fiesta de la Catedra de San Pedro

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Homilía en la Fiesta de la Cátedra de San Pedro

22 de febrero de 2020

Carísimos Hermanos:

1.- Hoy celebramos la Fiesta de la Cátedra del Bienaventurado San Pedro, Vicario de Cristo y Príncipe de los Apóstoles, esta fiesta, que se celebra desde el siglo IV, quiere destacar la importancia del primado de Pedro como signo del principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comunión de la Iglesia[1]. La Cátedra de un obispo es el signo de su autoridad de doctor, de sumo sacerdote y de pastor. Así, la Cátedra de San Pedro recuerda la misión especial y principal que Cristo Señor ha confiado al Bienaventurado San Pedro y sus legítimos sucesores: la de confirmar en la fe a sus hermanos[2]. La fe de Pedro es la roca sobre la cual Cristo edificó su Única Iglesia.

2.- “Tu es Petrus, et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam” [3] con estas palabras el mismo Cristo, instituye a Pedro piedra fundamental de su Una y Única Iglesia, cuando Pedro hace la primera profesión de fe del colegio de los apóstoles y de todos los seguidores, es él y solo el quien con una fe firme confiesa el carácter mesiánico de Jesús, ante lo cual el Señor le confiere la primacía sobre todo el colegio apostólico, y en él y sus legítimos sucesores el de los Obispos que vendríamos después de los apóstoles.

El Señor le promete que “los poderes del infierno no la derrotarán.”  Los poderes del infierno no podrán impedir esta profesión de fe, los vínculos de la muerte no la sujetarán, porque estas palabras son palabras de vida. Ellas introducen en el cielo a los que las aceptan, hunden en el infierno a los que las niegan. En esta promesa esta la verdad de la indefectibilidad de la Iglesia, es decir, que la iglesia seguirá siempre hasta el fin de los tiempos, el enemigo no podrá nunca destruirla aun en el momento de mayor persecución previo a la segunda venida del Señor, también es una profecía de que los poderes del infierno estarán siempre atacando a la Iglesia de Cristo, ataques que no serán pequeños, que vendrán momentos de profunda crisis, como los hemos vistos en la historia de la Iglesia, como el pontificado de hierro, cuando hubo papas indignos en su acción moral en su actuar, pero jamás tocaron el Sagrado Deposito de la Fe, el momento en que hubo tres papas que se disputaban la Cátedra de Pedro, pero al final prevaleció la promesa del Señor y solo uno el legítimo sucesor regiría la Iglesia de Cristo.

“Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desatares sobre la tierra será desatado en el cielo.” Verdad es que este poder fue comunicado también a los demás apóstoles y que este decreto constitutivo concierne igualmente a todos los que rigen la Iglesia; pero, al confiar semejante prerrogativa, no sin razón dirige el Señor a uno solo, aunque hable para todos, la autoridad queda confiada de un modo singular al Bienaventurado San Pedro porque él es constituido cabeza de todos los pastores la Iglesia.[4] Como vemos en este versículo el Señor le promete las llaves-espirituales- es decir el poder pleno sobre toda su Iglesia, en ese momento aún no se las entrega, se las promete, pues todavía faltaba la triple profesión de fe de Pedro, de que madurara al lado de su Maestro y Señor y así ante su partida, será Pedro el que tendrá la potestad plena y suprema.

3.- La Cátedra de Pedro es pues, no el objeto físico, sino el ministerio que ejerce, el oficio mismo, ya que desde el momento en que un varón bautizado es electo Obispo de Roma y es consagrado Obispo si no lo es, se convierte en el Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, con la potestad inmediata y suprema sobre los fieles, pastores y toda la Iglesia, de sus funciones la más importante es la de confirmar en la fe a sus hermanos, la fe de Pedro es la garante de la catolicidad, de la fe autentica, es por ello, que en los Sucesores de Pedro, no puede darse la ambigüedad o la evasiva cuando los fieles en el ejercicio de sus derechos le piden la clarificación de una doctrina ya sea en materia de fe o de moral. Pues de la Fe del Sucesor de Pedro depende la de toda la Iglesia, desde los Cardenales, Patriarcas, Arzobispos, Obispos, Presbíteros, Diáconos, religiosos y fieles laicos. Por ello, la fiesta de la Catedra de Pedro, es el recuerdo de la promesa que el Señor hizo al Apóstol San Pedro y en el a todos sus legítimos sucesores: “El Señor dijo a Pedro: Yo he rogado por ti, para que no te falte la fe.

Y tú, después que hayas vuelto, confirma tus hermanos.” [5]

En estos tiempos, la necesidad de que Pedro confirme a sus hermanos es más urgente que nunca, no se trata de temas de poca monta, se trata de verdades esenciales que comprometen el Sagrado Deposito de la Fe. Que en la celebración de esta fiesta nos anime más que nunca a orar por quien el Espíritu Santo permitió que llegara a la Cátedra de Pedro, para que fortalecido por la fe autentica y en cumplimiento de su deber, nos confirme a todos en la fe divina y católica, tal y como la hemos recibido de los Santos Apóstoles, por carta o por palabras.

Para el sucesor de Pedro no se trata de reivindicar poderes semejantes a los de los dominadores terrenos, de los que habla Jesús (Cfr. Mt 20, 25.28), sino de ser fiel a la voluntad del Fundador de la Iglesia que ha instituido este tipo de sociedad y este modo de gobernar al servicio de la comunión en la fe y en la caridad.

Para responder a la voluntad de Cristo, el sucesor de Pedro deberá asumir y ejercer la autoridad de confirmar en la fe a sus hermanos que le ha sido dada con espíritu de humilde servicio y con la finalidad de asegurar la unidad. Incluso en los diversos modos históricos de ejercerla deberá imitar a Cristo en el servir y reunir a los llamados a formar parte del único redil. No subordinará nunca fines personales lo que ha recibido para Cristo y para su Iglesia. No podrá olvidar jamás que la misión pastoral universal no puede dejar de implicar una asociación más profunda con el sacrificio Redentor, con el misterio de la cruz.[6]

+ Ego, Christhian Gabriel, Episcopus

[1] Cfr. Cc de Florencia 1439 Denzinger 1307, Cc Vaticano II, Const. Dogmática Lumen Gentium 28

[2] Cfr. Lc 22, 32

[3] Mt 16, 17-18

[4] De los Sermones de san León Magno, papa, Sermón 4 En el aniversario de su entronización, 2-3: PI 1, 149-151

[5] Lc 22, 32

[6] San Juan Pablo II, Audiencia General, Miércoles 24 de febrero de 1993

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