
MENSAJE EPISCOPAL SOBRE EL CORONAVIRUS (COVID-19)
1.- En estas fechas queremos dar la posición oficial de Nos, como Obispo de la Iglesia Católica Conservacionista de Rito Tridentino en relación con la pandemia del coronavirus llamada COVID-19, a raíz de esto ha surgido en las redes sociales y medios de comunicación el debate sobre las medidas por parte de las autoridades eclesiales es síntoma de cobardía o falta de fe. He aquí Nuestra opinión que es la posición oficial de la Iglesia Católica Conservacionista de Rito Tridentino.
Está claro que Dios como Señor del tiempo y de la historia, al ser Todopoderoso puede protegernos del coronavirus y cualquier enfermedad habida y por haber. La Palabra de Dios escrita nos lo confirma:
“El que mora en el secreto de Elyón pasa la noche a la sombra de Sadday, diciendo al SEÑOR: « ¡Mi refugio y fortaleza, mi Dios, en quien confío!» Que él te libra de la red del cazador, de la peste funesta; con sus plumas te cubre, y bajo sus alas tienes un refugio: escudo y armadura es su verdad” Sal 91,4
“Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»” Mc 16,17
Dios nuestro Señor, quien ha establecido las leyes naturales del universo en su creación, no está sujeto a ellas, y si es su voluntad, puede alterarlas a su libre y divina voluntad. Como sabemos Dios no es simplemente como un gran relojero, que pone en marcha un reloj y se limita a observar mientras lo ve avanzar, sino que hay una creación/intervención continua en la que Dios conserva en el ser lo creado, que, si no existiese en Él, dejaría de existir. Por ello, la antropología teológica no habla sólo de creación, sino también de conservación en lo creado.
2.- Pero eso no quiere decir que Dios tenga que alterar las leyes naturales que Él mismo ha establecido por voluntad del hombre, por lo que una mala interpretación de esos textos puede traer nefastas consecuencias.
Pondré un ejemplo: cuando algún pastor protestante, en base a Mc 16,17 cree que puede sin riesgo manipular serpientes y termina muerto por picadura. ¿Falló Dios en su promesa? No. Falló él al pretender obligar a Dios que obrara un milagro.
Así, el salmista dice “aunque pase por senderos oscuros, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.” (Salmo 23,4), no debe entenderse como que deliberadamente yo deba a exponerme a caminar por lugares peligrosos a altas horas de la noche pensando que Dios tiene la obligación de proteger, sino que por el contrario, si por determinada situación es realmente necesario para mí pasar por una situación así, no deberé temer y puedo confiar que Dios lo ha previsto en su providencia divina. Cualquier cosa que ocurra será lo mejor para mí de acuerdo a su voluntad. De allí que aunque en la propia Eucaristía recibimos realmente el Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad de Nuestro Señor, no por eso los celiacos y alcohólicos no tienen normas especiales para comulgar, para evitar sufran afectaciones.
Cuando Satanás tentó a Cristo le dijo: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna” (Mateo 4,6) precisamente por esto el Señor respondió “También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios” (Mt 4,7)
Tentar a Dios es por lo tanto, intentar obligar a Dios a hacer nuestra voluntad, o en otras palabras, pretender presionarle para que se ponga a nuestro servicio y no nosotros al suyo.
Por tanto, es evidente que, aunque Dios puede en su voluntad proteger a los cristianos a que no se contagien (y eventualmente algunos mueran) de coronavirus asistiendo a los servicios religiosos, no podemos nosotros pretender obligarlo a obrar tal milagro alegando tener mucha fe. Tampoco tiene sentido denostar a nuestras autoridades religiosas si prudencialmente consideran, de acuerdo con la situación de cada lugar, que algunas medidas son necesarias tomar para proteger las vidas de las personas. La ciencia ha progresado en menos de un siglo, la gripe española costó la vida de cientos de miles de españoles, los medios de comunicación de la época eran los elementales y no había forma de conocer lo que estuviera pasando en otro lugar del país, hoy en pleno siglo XXI, la información la tenemos a la mano en pocos segundos, lo que antes era un privilegio de unas pocas personas hoy todos podemos conocer esa información, en la ciencia es claro que desde la aparición del virus hasta su identificación plena como una nueva cepa de los virus de la familia de los coronavirus fue rápida. De ahí, que no podemos igualar las condiciones que existieron durante la peste negra que azoto Europa y diezmo su población, en donde ni la ciencia ni la comunicación eran ni las avanzadas ni las mas rápidas, el que llegaran a la conclusión de que esa enfermedad era una nueva y su forma de trasmisión llego demasiado tarde, no hay duda que en esas circunstancias la intervención de Dios en algunos lugares debió ser providencial, sacando de entre sus pastores a algunos a los que preservo para que fueran lumbreras de esperanza ente tal calamidad, pero otros perdieron la vida aun con la fe que tenían, y reitero que el problema no fue la fe, sino la intervención de Dios que lo hace a su entera y divina voluntad perfectamente sabia. Hoy día, con los avances en la ciencia, con la información inmediata, la identificación del agente causante de la enfermedad y su forma de trasmisión lo fue en breve tiempo, ¿significa que Dios ya nos abandona? La respuesta es: NO, porque el mismo Señor nos regala la ciencia y en ella la obra también su misericordia, no solo mediante intervenciones milagrosas, sino también de forma ordinaria, su palabra divina nos lo recuerda, que todo proviene de Dios incluyendo la ciencia:
“Da al médico, por sus servicios, los honores que merece, que también a él le creó el Señor. Pues del Altísimo viene la curación, como una dádiva que del rey se recibe. La ciencia del médico realza su cabeza, y ante los grandes es admirado. El Señor puso en la tierra medicinas, el varón prudente no las desdeña. ¿No fue el agua endulzada con un leño para que se conociera su virtud? Él mismo dio a los hombres la ciencia para que se gloriaran en sus maravillas. Con ellas cura él y quita el sufrimiento, con ellas el farmacéutico hace mixturas. Así nunca se acaban sus obras, y de él viene la paz sobre la haz de la tierra. Hijo, en tu enfermedad, no seas negligente, sino ruega al Señor, que él te curará. Aparta las faltas, endereza tus manos, y de todo pecado purifica el corazón. Ofrece incienso y memorial de flor de harina, haz pingües ofrendas según tus medios. Recurre luego al médico, pues el Señor le creó también a él, que no se aparte de tu lado, pues de él has menester. Hay momentos en que en su mano está la solución, pues ellos también al Señor suplicarán que les ponga en buen camino hacia el alivio y hacia la curación para salvar tu vida. El que peca delante de su Hacedor ¡caiga en manos del médico!”. Eclesiástico 38, 1-15
3.- El coronavirus es un riesgo real para la vida de las personas, y por no tomar las medidas a tiempo me parece una grave ofensa contra Dios, pues por un lado lo ofendemos queriendo ponerlo a prueba de forma temeraria y por otro lado desobedecemos al mismo Dios, pues tanto las autoridades Eclesiales como las Civiles han sido constituidas por Dios y quien se resiste a ellas al mismo Dios se revela como nos dice el Apóstol San Pablo (Cfr. Rom 13,1-2), así pues, los Obispos hemos recibido la encomienda de Dios para pastorear a la Iglesia de Cristo (cfr. Hch 20,28), lo cual es una gran responsabilidad, por ello nuestras decisiones son tomadas con la mayor prudencia mirando en todo el bien de los fieles que se nos han encomendado y en algunas decisiones nos podemos equivocar como todo ser humano, ya que no gozamos de infalibilidad ni impecabilidad, pero todo lo que hacemos es a verdad sabida y buena fe guardada, rogad pues a Dios para que en estos tiempos tomemos decisiones que hagan sentir a los fieles nuestra cercanía, que si en algún momento hay que cerrar un templo sepan que se hace por el bien de cada uno de las personas, la Iglesia nunca podrá ser cerrada, pues donde está el Obispo ahí está la Iglesia junto con sus Presbíteros, Diáconos y Fieles.
De acuerdo con los datos al día de hoy que presenta la Organización Mundial de la Salud (OMS) hay 207 860 casos confirmados de los cuales 8657 han fallecido, hay países fuera de China como son Italia, Irán, España, Corea del Sur y Alemania que encabezan las 5 naciones con más infectados, y el caso más emblemático es el de la conocida “paciente 31” de Corea del Sur, la cual pertenece a una secta protestante, misma que aun con los síntomas de fiebre y tos, continuo acudiendo a los servicios religiosos y centro de trabajo, convirtiéndose en la causante de infectar a más de mil personas, en este caso ¿Dios dejo de cumplir su promesa? La respuesta es: NO, porque el mismo Dios dio a los médicos la ciencia y conocimiento para identificar de forma pronta el patógeno y forma de evitar su trasmisión, la “paciente 31” actuó de forma irresponsable al no obedecer a las autoridades y tentar a Dios creyendo que lo obligaría a obrar un milagro solo por la fe, y Dios no está sujeto a nadie, no se pretende aquí emitir un juicio temerario, sino llamar la atención de todos para evitar caer en este tipo de conducta.
Por ello, después de haber consultado con los presbíteros de nuestra Iglesia, decidimos tomar las siguientes medidas:
- No suspensión de las Celebraciones Eucarísticas Ordinarias con presencia del Pueblo. En los espacios reducidos, las Celebraciones y Oficios Litúrgicos, puedan celebrarse con la Dignidad y Reverencia en espacios abiertos fuera del templo. En el caso de que un brote fuerte en el área donde ejercen el ministerio se continúan las misas sin presencia del pueblo.
- Como Obispo, a Nos, corresponde regular la celebración de la Liturgia Sagrada y modificar aquellas partes que a Nos compete en casos extraordinarios, por ello, el signo de la paz de los fieles se cambia hasta nuevo aviso por una inclinación de cabeza a la persona de la derecha e izquierda únicamente sin moverse de su lugar y sin decir palabra alguna. El Presbítero solamente saluda al servidor del altar de igual forma que los fieles en silencio y con una inclinación de cabeza.
- No se dará la comunión en la mano, el Sacerdote dará la comunión en la boca y con una sola especie la del Pan, la comunión bajo las dos especie solo la hará el Sacerdote celebrante, y cuando haya celebración de algún sacramento se usara pajillas (popotes) para extraer la Sangre del Cáliz y se administrara al comulgante en la boca, inmediatamente la pajilla deberá introducirse en un vaso con agua, se usara una pajilla por cada comulgante, evitando en todo momento que caigan gotas de la sangre en el suelo. El agua resultante de las pajillas se bendecirá y se depositara en una maceta que debe cuidarse con decoro y reverencia. Antes de dar la comunión e inmediatamente después de terminar de darla se lavara las manos con gel antibacterial o alcohol o agua y jabón según corresponda.
- La comunión no es un derecho, es un don inmerecido al cual solo pueden acercarse aquellos que han recibido la reconciliación y el perdón de sus pecados mediante el sacramento de la confesión, se ruega encarecidamente a los fieles si presentan o han tenido contacto con personas con gripa, influenza, tos, escurrimiento nasal, fiebre o malestar general, que se abstengan de participar y comulgar, en bien de todos, pudiendo hacer una comunión espiritual, en los casos que haya enfermos en la comunidad atiéndase con todas las medidas sanitarias correspondiente, usando el cubre boca y guantes en caso necesarios, a fin de evitar una posible exposición de los fieles enfermos que se atienda.
- En la celebración del sacramento de la confesión, use el cubre boca, cuidando la distancia prudente tanto para mantener el sigilo sacramental como evitar la exposición a la saliva, se ruega encarecidamente a los fieles si presentan o han tenido contacto con personas con gripa, influenza, tos, escurrimiento nasal, fiebre o malestar general, al confesarse usen el cubre bocas correspondiente.
- La bendición de los sacramentales se hará conforme al rito correspondiente y los fieles desde su lugar.
- Se le recuerda a los fieles que durante el Padre Nuestro tanto en la Santa Misa como en cualquier otro oficio litúrgico deben mantener las manos juntas, en ningún documento eclesial se indica que las personas deban tomarse de las manos esto es un abuso litúrgico que se ha ido introduciendo y permitiendo, el signo de manos abiertas corresponde únicamente al sacerdote.
- Se continúan con los Sagrados Oficios Penitenciales de la Semana Santa ya programados, observando las medidas sanitarias correspondientes.
- Realización de Procesiones Eucarísticas y Marianas dentro del Territorio de la donde ejerzan el ministerio, redoblando las Prácticas Piadosas de la Oración, el Sacrificio y la Penitencia, suplicando al Señor Jesús y a la Santísima Virgen María, nos asistan en esta situación, por México ante los Crímenes que vivimos a diario, y ante la Pandemia de Coronavirus para que el Señor que el rico en Misericordia nos Preserve del flagelo de la enfermedad a toda la querida Nación Mexicana.
- Exhortamos a los Fieles a tener los Cuidados sanitarios necesarios para su salud y a mantener la calma ante la situación escuchando los comunicados oficiales que emitan las autoridades civiles correspondientes, evitar la difusión de rumores, noticias y cadenas sin antes haber obtenido verificación de la fuente sea confiable y de autoridad civil correspondiente.
- Los Sacerdotes incardinados a la Iglesia Católica Conservacionista de Rito Latino, deberán reportarse de manera continua con Nos, su Obispo sobre su estado de salud, a fin de tomar las medidas pertinentes.
Rogamos a Nuestro Señor Jesucristo que por intercesión de la Santísima Virgen María y del Glorioso Patriarca San José cuya memoria celebraremos mañana, nos obtengan las gracias y dones de Nuestro Señor para que esta pandemia se extinga de manera pronta sin causar más daños a la naturaleza humana, que nos obtengan las gracias del arrepentimiento, la conversión, la fe verdadera y el perdón de nuestras culpas verdadera para todos y cada uno de nosotros, el eterno descanso para quienes han muerto víctima de esta plaga y de todas las benditas almas del purgatorio, la sabiduría y buen ejercicio de sus funciones a las autoridades civiles de todos los niveles y al personal médico y hospitalario les preste su fuerza y sabiduría para sanar a los enfermos.
Dado en la víspera de la Solemnidad de San José, Esposo de la Stma. Virgen María y Padre adoptivo de Nuestro Señor Jesucristo, a XVIII de marzo del año del Señor de MMXIX, octavo de nuestro pontificado